El derecho a quejarse

Trabajar en procesos creativos no es sencillo. Convivir con la inestabilidad, el conflicto y el desequilibrio no solo desgasta, sino que puede desorientar y confundir a cualquiera. 
Entiendo que los artistas tenemos un compromiso con la expresión y la protesta. Es inherente a las artes manifestar públicamente, mediante nuestras obras la disconformidad social. Ahora bien, el malestar social por lo general coincide con el malestar individual de las personas que trabajamos con el arte. 
Antes de la expresión artística, que siempre es una forma de generar un conflicto en la realidad, está la queja. La queja es improductiva, y esta muy mal vista ante los ojos de las pautas de convivencia. 
Las personas que se quejan son vistas como insoportables, fastidiosas, y odiosas. La queja, sin embargo es fundamental como impulso, como instancia inspiradora. Pero al mismo tiempo, en la vida cotidiana, uno tiene que reprimir la queja el fastidio y el malestar, porque de lo contrario se vuelve un fastidio para los amigos, la familia y los seres queridos. 
En este sentido las redes sociales, son maravillosas, porque uno puede usarlas como espacios de catarsis, en la medida que uno sea consciente que está usando las redes sociales con es fin. Uno puede inventarse un nombre de usuario, y volcar allí todo lo que no puede volcar entre su familia y amigos, por el peligro de ser visto como un "quejoso". En este sentido reivindico la queja en el uso deliberado de las redes sociales, para volcar todo aquello que produce malestar. 

No me refiero a la consciencia como antinomia de la inconsciencia.

Al contrario, cuanto mas inconsciente sea el contenido volcado en redes sociales, mejor. Me refiero a que las redes sociales han logrado alienar a la sociedad, y creo que ha llegado el momento de infectarlas para liberar la alienación social que provocan las empresas que tienen el monopolio de Internet como esta plataforma de blogspot, en la cual he decidido escribir este texto. 


El testimonio como producto del mercado.

En varias oportunidades y en distintos medios de comunicación, ofrecí mi testimonio sobre la locura. Al principio creía que contar cómo hice para sobrevivir al manicomio, tenía algún sentido. Comprendí que no. 

La industria cultural, como toda industria, tiene la capacidad de devorarlo todo. Vivimos en una sociedad antropófaga, al menos en las grandes ciudades. El ser humano se ha transformado en un caníbal apocalíptico, que todo lo consume y devora, sin ningún tipo de piedad.

La relación con los medios de comunicación, me mostró que la noticia tiene que generar "rating" y que el producto que hay que venderle al oyente, al lector o al televidente, es el testimonio del invitado. Cuando empecé a comprender que esto era decisivo y fundamental, en la relación con los medios, sentí bastante frustración. 

Mi relación con el activismo en salud mental me llevó a crear un grupo de apoyo mutuo, para poder enfrentar sin miedos mi propia locura y compartirla con otras personas. 

Hoy siento que "visibilizar" los testimonios de las personas que han sobrevivido al sistema de salud mental, es un intento que aún está coptado por la industria cultural. Hasta ahora, los discursos de personas usuarias o sobrevivientes de salud mental, están en función de los intereses del sistema médico hegemónico. 

Habrá que esperar y ver que pasa...

Yo no me voy a viralizar

2.3 millones "me gusta", 1,1 millones de "compartidas" y 73 mil "comentarios"

Una de mis preocupaciones mas grandes desde la caída de los populismos en América, es cómo los medios de comunicación están afectando nuestras vidas. En el siglo XX cuando hablábamos de medios de comunicación nos referíamos a la radio, el diario y la televisión. Quienes recibimos algún tipo de educación artística a fines del siglo pasado, sabíamos que los medios estaban organizados de una manera. Para que nuestros libros o espectáculos se dieran a conocer en los medios de comunicación deberíamos hacer un arduo trabajo. Con mi primer grupo de teatro "GOTA.TEATRO" hicimos ese trabajo: imprimíamos volantes, los repartíamos en la calle, y pegábamos afiches. 

La aparición de internet modificó la relación con los medios de comunicación, en el sentido de alienar la vida diaria de las personas. Marx explicaba que el trabajador se encontraba alienado en el trabajo. Hoy día es el ciudadano que se ha vuelto un "emprendedor" quien está alienado en su vida cotidiana. La caída de los populismos americanos, fue la fase final de un proceso de control social que se venía programando desde el poder, luego de l afase de las dictaduras militares en sudamerica. Hoy día las dictaduras son virtuales, y la democracia podemos asegurarlo, ha dejado de existir. Asistimos a una nueva era, muy compleja, porque los mecanismos de control social se han vuelto invisibles. Casi imperceptibles, y las personas que queremos "todo para todos" estamos paralizadas sin saber bien que hacer ni como reaccionar. 

En este escenario, que angustia, que frustra, y en el cual se ha vuelto explicito que los poderosos quieren hacer del arte una nueva industria, yo he tomado una decisión. No me voy a viralizar. 

Voy a regresar a mis fuentes, todas las veces que sea necesario. La literatura y el teatro. Regresar al origen parecería ser la única forma de escapar de un sistema que ha capturado ya no solo los cuerpos, sino también el espíritu: Antes de dormir y al despertar, miramos el celular.

Pero lo he decidido, yo no me voy a viralizar. No me voy a transformar en un virus, que se replica, compulsivamente como un paquete de información, que alimenta las acciones en bolsa de facebook, instagram, o tweeter. Quiero ser la vacuna o el antídoto. Quiero ser la planta sagrada. Pero no voy a ser el virus, por eso está decidido: yo no me voy a viralizar. 

"Unrest", la lucha de quienes perdieron ltodo

Unrest es una cinta inolvidable. Se trata de un documental que muestra la búsqueda de respuestas de una mujer diagnosticada con el extraño trastorno del “síndrome de fatiga crónica”.
Jennifer Brea es una estudiante de Harvard que está a punto de casarse con el amor de su vida cuando una fiebre la deja postrada en cama. Meses antes de la boda, no se recupera sino que empeora su salud, y llega al punto de no poder siquiera sentarse en una silla de ruedas. Cuando los doctores le dicen que “está todo en su cabeza”, encuentra un mundo oculto de miles de personas con los mismos síntomas, a través de Internet.
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Hay muchos aspectos de Unrest que nos sorprenden hasta conmovernos, pero sin dudas lo más maravilloso resulta ser que Jennifer Brea, quien sufrió este trastorno, fue directora y guionista de la película sobre sus propios conflictos y procesos para enfrentar el síndrome de fatiga crónica. Tanto ella como su marido Omar exponen en la película aspectos muy íntimos de su relación.
Resulta difícil, en este documental, establecer limites entre la ficción, la realidad y lo terapéutico. Sin embargo, el montaje logra darle ritmo a una pregunta que mantiene la intriga del relato: ¿por qué no se pueden curar las personas que sufren fatiga crónica?
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La película muestra sin filtros el dolor y la angustia profunda que sufre su protagonista, guionista y directora, pero al mismo tiempo va creando una luz de esperanza a través la búsqueda de Jennifer de otras personas que sufran el mismo síndrome, que realiza desde la computadora portátil en su propia cama.
La edición logra que el documental por momentos parezca un policial, en búsqueda de una verdad que está oculta en los rincones más profundos del espíritu humano.
El documental deja en evidencia el fracaso y la soberbia del sistema de salud mental en el mundo, así como también el valor de juntarse y reunirse con quienes han sufrido lo mismo que uno para mostrarle a la sociedad lo que esta no quiere ver.
Una historia fascinante, escrita, dirigida y protagonizada por una mujer fascinante, Jennifer Brea.