El aplauso

En el arte teatral, criticar el egolatrismo (como hice en otra entada) es un lugar común, cómodo y facilista. Para desmenuzar un poco el asunto creo que hay que repensar algunas cosas. Por ejemplo: "el aplauso".

Supongamos que un albañil levanta una pared y cuando nos muestra su trabajo, la pared se cae. ¿Que hacemos? ¿Lo aplaudimos, lo felicitamos reconociendo su esfuerzo por haber hecho mal su trabajo? No, no creo que hagamos eso. Sin embargo cuando los actores actúan mal los aplaudimos. Primer síntoma que confunde a los actores y al director. Si en una función hicimos las cosas mal nos aplauden igual. Ahora supongamos que compramos un pantalón para regalar a nuestro mejor amigo y resulta que a él no le gusta ¿Que hace? ¿Nos aplaude la elección y el buen gusto? No, de ninguna manera, como es nuestro mejor amigo, nos dice, "mirá, no me gusta, lo voy a ir a cambiar por otro". Listo, honestidad mediante, no hay problemas. Sin embargo cuando vamos a ver una obra que no nos gusta la aplaudimos igual. Parecería que es un deber cívico, moral y del orden de las buenas costumbres. Se agrega más confución porque si además de que actuemos mal a la gente no le gusta, tenemos el aplauso asegurado. Entiendo la convención, pero me parece absurda.

Quien conoce el oficio puede distinguir cuando una obra tiene poco trabajo, y quedan en evidencia sus errores y aún así puede gustarnos. Quien desconoce el oficio, no distingue en que falla una obra, solo le queda la critica según sus gustos personales. Pero aunque no le guste aplaude igual. Me imagino en una muestra de arte plástico aplaudiendo un cuadro que no me gusta. Por eso creo que seria esclarecededor cambiar el hábito del aplauso. Eliminar el saludo de los espectadores para tener una medida real de como fue recibida la obra por el público. Por ejemplo, aclarar en el programa o en un cartel en la entrada de la sala, que si el público desea felicitar o comentar que disfrutó el espectáculo con los actores o al iluminador o al dramaturgo (en caso de que el dramaturgo esté presente y trabajando para que vaya público a ver la obra) podrá hacerlo esperando 5 minutitos en la entrada del teatro una vez finalizada la obra.

Una vez conversando este tema con unos actores amigos una actriz me decía "¿A vos no te gusta que reconozcan tu trabajo, tu esfuerzo?" Claro que me gusta. Entonces, respondía ella, "bueno, el aplauso es el momento donde el público reconoce nuestro esfuerzo y nuestro trabajo". Las veces que actué y fui aplaudido no alcancé ese nivel de abstracción. No creo que al terminar una función, un actor que acaba de atravesar una cantidad de tiempo de psicosis, o alteración de su conducta, o estado de conciencia alterada, o línea de pensamiento de un personaje, o de magia, pueda, en ese momento de emoción inexplicable, detenerse a discriminar que cosa y porque está siendo aplaudida. Al menos yo no pude. Cuando actuaba sentía que me aplaudían a mi y bien mercido me lo tenía porque había ensayado como 6 meses.

Y después del aplauso a veces, solo a veces, sucede algo más fantástico todavía: los actores aplauden al público. Me imagino el albañil de vuelta, la pared tirada en el piso y el albañil aplaudiéndome porque yo lo aplaudo.



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