El dramaturgo

A veces la crueldad, la codicia o el egoismo del ciudadano manifestada en su indiferencia o en su complicidad son tan grandes que no veo otro camino revolucionario que no sea el arte. La revolución como proyecto de consenso a largo plazo es más justa que la revolución que derroca un sistema de gobierno para reemplazarlo por otro. 
El diálogo interior entre la imágen del territorio que habito, el pensamiento presente, la opinión ideológica y las emociones me confunde. Dicha confución conduce a la "Angustia de la indiferencia social" que tiene que ver con sentir que debría hacer mucho más de lo que hago para mejorar el entorno social al que pertenezco. Por ejemplo "Me duele la guerra, pero no hago nada contra ella"
Entonces, en esos momentos de "angustia indiferente", escribo para leer que es lo que siento. Y siguiendo el ejemplo, mi escritura es la reacción, ya no contra la guera, sino a favor de la paz. 

El ejercicio del artista debería ser la reacción social comprometida con un proyecto revolucionario que confomre una revolución sin víctimas, una revolución apoyada, sostenida y realizada por el pueblo mismo, donde lo excluido no sean personas, sino valores, donde las víctimas no sean personas sino la moral capitalista.

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