El teórico escribiendo sobre el actor.

Artaud, Grotowski, Barba y muchos otros teóricos han definido al actor como Chamán, Curandero o Mago. Debido a que lo hicieron en el marco de la teoría teatral y suponiendo que el fin de la teoría es desarrollar, profundizar, expandir los límites de una práctica preexistente quiero expresarme contra el abuso inescrupuloso de la metáfora como método de exaltación y adorno de la teoría. 
Una metáfora es una analogía, una comparación muy utilizada en el lenguaje literario. Cuando se utiliza en el lenguaje teórico produce un alto impacto porque provee al lector la posibilidad de agregar información por su cuenta. Es decir, si en términos metafóricos se compara al actor con un chamán y el teórico excluye cuales son las características y objetivos de la comparación a los fines del objeto teórico, el lector decide por si mismo que quiso decir el autor. Entonces el límite entre expresión poética y abstracción teorica se desdibuja. 
Un ejemplo para aclarar este estilo de "Picardías" del teórico.
Supongamos que usted viene leyendo una descripción de lo que es el actor. Supongamos que yo estoy escribiendo una crítica a los actores de hoy en día, doy un giro y escribo:
"...entonces como el actor está enfermo, es urgente agenciar un cambio revolucionario que de una vez y para siempre haga del actor, un médico psicólogo de las enfermedades sociales, que supuran en su cuerpo". 
El lector interpretará  "médico psicólogo" en el universo de su fantasía. Es decir que determinados giros o descripciones en el territorio teórico si no están debidamente justificados y presentados sus argumentos, sólo sirven para inflar una idea que en definitiva el autor no tiene clara. El uso de la metáfora sin fundamentos es pretensioso, presuntuoso y pedante porque sólo adorna de valor a un texto que no tiene ese valor que ostenta.
Cuando muchos autores teóricos se refieren al actor como un chamán, mago o curandero impactan no tanto por las carácterísticas específicas del Chamán que el actor debería tener sino por las fantasías que se elaboran en el lector. 

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