La luz en Teatro.

Antes de empezar una obra de teatro, la luz se apaga. Luego, cuando termina se apaga. Símbolo ritual de luz para entrar y salir del mundo mágico donde fantasía y realidad se juntan en la paradoja teatral, para cuestionar la realidad.

Va a empezar la función y toda la sala queda en oscuridad por unos instántes. Cuando la obra terminó, la luz se apaga nuevamente, dejándo a espectadores y actores a oscuras, para iluminar ahora, el saludo de los actores. Antes de empezar la obra se apaga la luz y antes de pensar “Uy, tengo que apagar el celular, va a empezar el espectáculo”, en el caso de los mejores espectadores, hay unos segundos de oscuridad total durante el cual un proceso inconsciente nos predispone a participar de un fenómeno extracotidiano. Este fenómeno superficialmente es la obra, pero en su escencia es un ritual, ya que toda obra de teatro por sus principios elemntales creadores ritualiza por el intento de los actores de darle vida a un personaje, el misterio de la creación. La creación de vida. Toda mitología da una respuesta al misterio de la creación de vida. Cada cultura elabora formas de ritualizar en fiestas de años nuevos, en bautismos o en devociones a la divinidad. ¿Cómo fue creado lo que existe? Cada mitología elabora su respuesta. El artista cuando no imita a nadie, cuando no copia, cuando no roba y cuando es impecablemente honesto, verdaadero, puro y original tambien se pregunta sin hallar una respuesta definitiva en su técnica de trabajo ¿Cómo fue que se me ocurrió hacer esto? Por eso para celebrar el misterio del origen de sus impulsos creativos sabe que su arte está contenido en un ritual que celebra el mito de la creación.

El momento de oscuridad, al principio y al final de la obra, tiene como propósito generar un espacio íntimo y común entre todos los presentes.

La intimidad comienza en la oscuridad. El apagón inicial es como cerrar los ojos para suspender por unos segundos el sentido de la vista que, junto al sentido del oído son los que mas usamos en  nuestra vida cotidiana. Escuchamos y hablamos. Miramos y hablamos. Nuestra experiencia muchas veces solo se reduce a eso. Ver, escuchar, juzgar y opinar. Cerrar los ojos y quedar en oscuridad es volverse hacia uno mismo, al mundo interior. Es como el momento de dormir, cuando nos disponemos a descansar y entrar al mundo de los sueños. Tirados en la cama boca arriba cerramos los ojos y una nueva percepción se despierta. Percepción que tiene otras sensaciones sobre el tiempo y el espacio que eventualmente recordamos al cambiar del estado del sueño al de la vigilia, que cambia en el acto en que regresamos a la luz abriendo los ojos. A nivel inconsciente el apagón teatral simboliza un cambio, como el acto de cerrar los ojos, de la realidad cotidiana a la realidad teatral. Para esto es necesario generar en el espectador un momento de intimidad. El apagón es una convención que nos propone a actores y espectadores retirarnos del mundo sensible al que intentamos entregarnos.

En el momento de bajar las luces hasta la oscuridad cambiamos de la dimensión cotidiana por la extracotidiana, lease, el teatro, la ficción, el inconsciente o para llamarla de una forma más justa, una dimensión mágica. Todos compartimos la oscuridad, porque todos pasamos por ese portal y dejamos de  ver las formas iluminadas por las luces comunes, para ver la oscuridad y luego pasar a a ver las formas iluminadas teatralmente por diferentes colores, graduaciones e intensidades. Este fenómeno durante los segundos que dura la oscuridad sucede para todos por igual. Todos pasamos por lo mismo. Para que comience el ritual debe haber oscuridad para todos y para que termine, también. Es el símbolo para entrar y salir al mágico mundo de la obra. Como cerrar los ojos para dormir y abrirlos para despertar.

Los rituales y ceremonias consisten de acciones simbólicas que promueven la honestidad, la pureza y los sentimientos más verdaderos para quienes participan de ellos. En el judaísmo todos deben ponerse para entrar al templo una Kipá sobre la cabeza. En el catolisismo, el creyente debe bendecirse con agua antes de entrar a la iglesia. En la tradiciones de los indios Lakota del norte de México existe la ceremonia de Temascal en la cual se regresa al vientre de la made Tierra, entrando a un iglú, Inipi, de palos y mantas al cual se entran piedras calientes. Sobre las piedras se entrega agua, se canta y se toca un tambor. Adentro del Inipi hay oscuridad que revive la oscuridad pasamos durante nueve meses en el vientre materno.

La oscuridad es la misma, siempre. La del ritual, la de los sueños, la del vientre materno, la del apagón teatral, porque es una sola la oscuridad que nos obliga a ver en nosotros, a ver nuestros sentimientos más honestos, a ver lo que no queremos, a ver  nuestras fantasías, a ver nuestros deseos, a ver nuestros temores, a ver que pensamos realmente y a vivenciar nuestros sueños y pesadillas. Esa oscuridad, cuando solo queda iluminado el espacio escénico, nos propone creadno un espacio íntimo y común, que durante la función se caigan todas las máscaras, la de los actores y la de los espectadores. 

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