Luz y Sentidos.

Sin luz, entre muchas cosas, no podría por ejemplo, apreciarse gran parte de una obra de teatro. Existen, por supuesto, alternativas que merecen ser conocidas como el “Grupo de Teatro Ciego” que realizan obras a oscuras, anulando por completo el sentido de la vista, desarrollando el potencial de los 4 sentidos jugando con aromas, tactos, sabores y música.



El olfato, el tacto y el sabor son sentidos penetrantes. Es decir que nos resulta muy difícil tomar distancia y poner límites, como lo hacemos con el oído y la vista. Ejercemos control sobre la vista y el oído, sentidos que a su vez terminan controlándonos en mandatos del estilo “Todo entra por los ojos”, “En boca cerrada no entran moscas” y “La primera impresión es la que cuenta”. Estupideces superficiales que lamentablemente están instaladas en nuestro cotidiano como paradigmas. Por un cuerpo menos reprimido es necesario animarse a tocar, oler y saborear. Pero claro, quien tiene una buena relación con la sensibilidad, el tacto, los abrazos y las caricias lo llamamos un “Toqueteiro”, “Invertido” o directamente “Puto”. Del sabor y del olfato, mejor ni hablar, porque cualquiera que decidiera olfatear o saborear a las personas es considerado por lo menos un “enfermo mental”. Así son nuestras convenciones culturales. Tan ridículas como caprichosas. Al tiempo que nos ordenan y nos contienen, también nos reprimen.

Es tanto el valor que tiene la “Forma”, lo que se “Ve” sobre el “Contenido”, o las “Funciones” de un objeto, que entre un Licenciado en Marketing, un Diseñador Industrial y un Diseñador Gráfico pueden agregarle valor a un objeto, sin agregarle funciones y hacerlo consumible. Si consideramos que la luz que percibimos es el cien por ciento, me pregunto como sería este mundo, esta cultura del consumo, percibiendo el veinte por ciento de luz.


Las formas de la naturaleza se nos antojan bellas. Más aún cuando los amaneceres y los atardeceres, las colorean. Según Carl Sagan, las formas de la naturaleza, todas las formas (menos las que emiten luz propia) reflejan luz generando a la percepción del ojo la sensación de visión. La luz es a la vez una onda y un corpúsculo que viaja a través del espacio a una velocidad finita, es decir, medible.

Hoy, la luz que utilizamos para iluminar y alumbrar es producida por la energía eléctrica. Antaño, fue el fuego. El verdadero origen del teatro no es en un solo lugar, en una sola cultura y en un momento determinado. Se enseña que el teatro nace en la antigua Grecia aproximadamente en el siglo V antes de Cristo. El teatro comienza mucho antes en la tribu mediante las danzas y los cantos rituales. Comienza en las narraciones de los mitos, cuentos y leyendas que hacían los ancianos, los brujos o los Chamanes alrededor del fuego.

Selknams, de tierra del fuego, Argentina.


Hoy en día con la tecnología manipulamos la iluminación para generar efectos y climas en un espectáculo teatral. Antaño, lo máximo que podía hacerse era agregar más leña al fuego para ver al “payador” o a los primitivos enmascarados representando las leyendas populares. Es decir que la leña y el viento participaban en el arte de iluminar. Hoy día, un espectáculo teatral, requiere por lo menos una consola con reguladores de intensidad de luz. La electricidad gobierna el arte de iluminar. Así como también la electricidad gobierna la vida diaria. Cuando se corta la luz, se apaga la heladera, el televisor, la computadora y el teléfono. La permacultura es una disciplina emergente hace pocos años, que desarrolla técnicas responsables, para la utilización de energía. Entre ellas el desarrollo de energía solar casera y técnicas de reciclaje. Busca generar independencia de los servicios básicos privatizados como el agua, el gas, y la energía eléctrica.

Todavía podemos disfrutar del teatro en espacios y eventos públicos o en el hermoso oficio del artista callejero, quien todavía disfruta de actuar a luz y sombra. Pero en la generalidad, el teatro se volvió puertas adentro, hacia los espacios cerrados. El teatro ingresó en el terreno donde debe manipularse la luz. Mucha belleza puede lograrse manipulando la luz desde una consola de luces, pero esa belleza nunca igualará la magia del viento avivando un fuego que en la oscuridad profunda de la noche se levanta mas poderoso y luminoso para mostrarnos la historia del hombre enmascarado reviviendo la vida de su pueblo.

Bibliografía que alimentó este ensayo y recomiendo a los interesados:

Sagan, Carl. Cosmos. Editorial Planeta. Barcelona España. 1982

Artaud, Antonin. El teatro y su doble. Editorial sudamericana. Bs. As.

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