Artaud.

Sobre el capítulo 4º. El Teatro Balinés (1º parte)
Nosotros, los occidentales, los aristotelicos, los cientificistas, los filosoficamente afrancesados, los obsinadamente marxistas, los eternos analiticos-analizados, seguimos vacios. Seguimos sin poner la carne, los musculos, la sangre, la mente para modificar este esistema morboso y caníbal del cual nos alimentamos. Estamos podridos porque nos alimentamos de carroña.

La danza, la pantomima, el canto le restituyen al teatro su sentido primitivo. Lo cermonial lo devuelve a su origen y al hacerlo lo conecta con el verdadero sentido de la creación. Este capítulo aleja la poética descrita por Artaud de interpretaciones perfomáticas, debido a que al ejemplicar mediante un teatro que se ensaya sistematicamente, donde nada queda librado al azar, hay que alcanzar la verdad renunciando a la idea de representación. Esta es el gran desafio Artaud. Un teatro que pueda ensayarse, pero nunca representarse.

Un teatro que pueda repetirse sin repetir absolutamente nada.

Un teatro que capte el pulso de la vida, segundo a segundo.

En este capítulo propone también, que el lenguaje físico del actor no se explique mediante palabras, sino mediante signos. Es decir la busqueda implica el compromiso del director de no subyugar el lenguaje del actor a su lenguaje de la palabra, esto implica que ambos inventen un lenguaje jeroglífico para referirse a la escena. En un plan de montaje enmarcado en la poética de la crueldad, sería inteligente trabajar con un estudioso de la patafísica.
Artaud ve a los actores balineses como guerreros en trance. Pero ellos son guerreros de mitos balineses, por eso nos cabe preguntarnos a nosotros ¿Cuando seremos guerreros de nuestras Tierras? ¿Cuando seremos oficiantes de nuestras tradiciones, de nuestros pueblos originarios, de quienes comparten la yerba como rito? Cuantas veces tomamos mate sin saber de donde viene! Olvidando. Somos olvidadores. Grandes Olvidadores.
EL teatro es siguiendo este capítulo un sistema evocador y el actor debe dar prioridad al trabajo con su mirada, el fruncir de labios, el espasmo muscular, la cabeza d eun hombro a otro, los suspriros que vibran y prolongan la voz, y la calidad siempre musical de sus movimientos. El espasmo revivirá la carne mecanicista del actor. El teatro y el actor no deberian ignorar lo que existe en el aire de la escena, porque se trata ante todo de hacer visible lo invisible. El actro es quien debe hacer perceptibles, las densidades del espacio. El espacio consta de densidades como movimientos, formas, colores, vibraciones, actitudes.

El actor debería ser una droga que toma el público para poder "ver", es decir para poder "verse".

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