carta abierta a Alberto Ure

Querido Alberto Ure,
Mi nombre es Alan, tengo 32 años. Dirijo y enseño teatro. En el año 2005 estaba caminando por el Abasto, haciendo tiempo antes de un ensayo y entré a una librería para boludear un rato. Siempre boludeo en las librerias en las pequeñas secciones de teatro. Ahí estaba Sacate la Careta, tu libro. Me llamó la atención ¿Y este libraco? ¿De quien es? ¿quien lo conoce a este tipo? Es un libro de Murga. Fue lo primero que pensé. Abrí por la mitad y leí unas lineas del Manual de autodefensa y el tiempo se detuvo.
El libro lo lei desordenadamente. Al principio te putié un poco porque te leía muy pesimista, muy cínico y desesperanzado. Al principio te leía oxidado, Alberto. Después pasé a otra etápa. La nostalgia hippie de lamentarme por no haber nacido en tu época y haber tenido la posibilidad de estudiar y fromarme con vos. Despues me dije: Voy a recorrer el mismo camino que recorrió este tipo porque es mi modelo, quiero ser como él (Aceptando las distancias. Vos crees en la convención, yo en la magia), voy a dirigir los mismos autores que dirigió este señor, quiero aprender lo que él aprendió. Mientras pensaba estas opciones releía el libro y obligaba a mis estudiantes y actores a que lo lean. Claro está, no entendí nada.
Así fue como tu libro me enseñó que no teía que recorrer el mismo camino que recorriste vos. Pero no estaba conforme y decidí que iba a hacerte una entrevista. Le envié un mail a tu hija, Francisca quien me respondió muy amable, encontré un video tuyo en Youtube, y renuncié a la idea de entrevistarte.
Entonces arremetí de nuevo con "Sacate la Careta". Lo leí por 3º vez y me di cuenta que mi camino como teatrero, estaba por latinoamerica, buscando a otros como vos, a otros como yo. Dejé atras mi deseo romantico de ir a aprender teatro con algún heredero de Antonin Artaud. Ahora tenía a mi teórico. Argentino y todo.
Así como los realistas lo tiene a Serrano, los teatreros criollos te tenemos a vos Alberto. Porque vos dejás muy claritas algunas cosas que a mi me han ayudado un montón. Con tu libro dejé de estar solo, en este mundo de teatristas hipócritas, enfermos y maltratadores. Aprendí con tu libro que hay que ser honesto con los actores y conocer los géneros, probar las ideas, las mas disparatadas, probarlas en el ensayo hasta que la prueba duela hasta la médula. Lo nuestro vale y la única forma de construrinos un teatro posible es recordando nuestro pasado, proyectandonos a un futuro. Creeme Alberto que somos muchos los jóvenes que creemos y trabajamos por un teatro Argentino mejor del que tenemos.
Te sorprenderías. Nosotros los teatreros hijos y estudiantes de profesores de la dictadura aprendimos el teatro en la colimba. Las facultades, escuelas y talleres a los que fuimos, eran la colimba. Menem la sacó, pero muchos la mantuvieron como metodología pedagógica. Aprendí técnica leyendote Alberto. Y me cago de risa cada vez que te leo. Me cago de risa de mis defectos y de los defectos de mis maestros. Ya acepto las ficciones vinculares de las clases y ensayos, como lo que son, ficciones. Y soy mejor director y profesor por estar al acecho de las transferencias. No me canso de citar que lo mejor que puede quedar entre un actor y un director es la confianza, y que uno empieza a dirigir cuando deja de cuidarse y cuidar al otro, permitiendo que el actor acute de actor.
Gracias Alberto. El otro día te vi en el homenaje. Me hubiera gustado escucharte hablar. Estoy leyendo Ponete el Antifaz. Otra vez me cago de risa con Tu entrevista a Kantor borracho puteandolo a Grotowsky porque le afanaba las ideas. Kantor confesandote que los ensayos con la mujer eran una locura porque se birleaba otra mina y porque la mujer estaba paranoica. No te conozco pero te agradezco Alberto, por tu sinceridad, por tu humor, por tu lucha. Te abrazo con la sangre de mi espíritu!
Alan Robinson.

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