Pasado, (presente) y Futuro

La teoría teatral para el trabajo del actor sobre la acción dramática se ha desarrollado sobre dos preguntas generales ¿Para que se realiza una acción?  y ¿Porque se realiza una acción?. Estas dos preguntas son relativas a el objetivo y superobjetivo de la acción, y las motivaciones, fundamentos y circunstancias de la acción.  Los directores que nos han dejado su experiencia por escrito tales como Brecht, Grotowsky, Brook, Stanislavsky, Artaud, Barba, Serrano, Ure, Gené, han dedicado gran parte de su obra teórica a responder estas preguntas. De esta forma al pensar en el sentido del futuro y el pasado de la acción teatral, la reflexión se ha desplazado al imperio del director y del dramaturgo. Estas preguntas entre otros interés son quizá las que hayan hecho que hoy el arte dramático sea básicamente el arte del director y del dramaturgo, siendo el actor un instrumento y no el protagonista central de las reflexiones teóricas.  En Argentina esta problemática se lleva al límite del absurdo lucrativo, estando prohibido estrenar una obra de autoría propia sin pedirle permiso a la pequeña empresa Argentores. ¿Cual es en definitiva el problema que buscamos presentar? Se ha perdido la dimensión del presente de la acción dramática. ¿Qué hace entonces el actor? Hasta ahora en términos generales se viene planteando que la creación de la vida de la  acción  dramática es la partícula elemental del arte dramático, que es lo más pequeño que puede observarse. Si la acción dramática, fuera el “Bosón de Higgs” el personaje sería una “Molécula” Sin embargo creemos que el personaje ES la partícula elemental del teatro, y la acción un medio para acceder a él. sostenemos y participamos de la idea animista de que el personaje está entre la realidad, y no en el texto o en la relación del actor con el director. Al personaje no se lo construye ni se lo crea, al personaje se lo evoca o convoca, como quien convoca a un espíritu. Luego es tarea del actor amalgamar esa energía en su cuerpo, para poder lograr como el científico que ese personaje sea observable.
Creemos siguiendo la gran ruptura teórica planteada por la teoría teatral Antonin Artaud que el teatro debe y puede religarse con el misterio de la creación y la vida. La teoría que introduce Artaud en la historia del teatro quiebra con el reinado de la literatura dramática sobre el teatro pretendiendo sentar las bases para invertir la actual ecuación en la cual el teatro es subsidiario de la literatura, que sabemos es letra fijada. Los cuerpos en escena por su parte están en movimiento, vivos, naciendo y muriendo en cada acción. Aun cuando considerásemos, que no es nuestro caso, que el teatro nace en Grecia descubrimos que nace como rito y que en el centro del espacio teatral había un altar en honor a Dioniso. En este sentido Richard Schechner entiende que el teatro o la teatralidad del espacio nace con la naturaleza humana.

creo que este tipo de espacio, un espacio de teatro, no llega tarde en las culturas humanas (digamos con los griegos en el siglo V antes de Cristo) sino que existe desde el comienzo: ese espacio teatral constituye una de las características de nuestra especie. Los primeros teatros eran centros ceremoniales partes de un sistema de caza que seguía las fuentes de alimentos de acuerdo con las temporadas, sitios de encuentro de bandas humanas que celebraban y marcaban la geografía, calendario, interacción social y proclividad de la gente a transformar naturaleza en cultura. #

Creemos que es importante recurrir al soporte y auxilio teórico de antropólogos, filósofos e intelectuales que tengan una mirada positiva sobre la cultura del mestizaje, para de esta forma elaborar un marco teórico que nos permita continuar nuestra “cultura inmigrante” para hacer teatro hacia una cultura que nos permita reencontrarnos con los saberes y las tradiciones americanas que han cambiado sus formas pero todavía nos mantienen vivos. Éste reencuentro, este proceso de mestizaje, nos ayudará a decolonizarnos culturalmente, a independizarnos definitivamente de las poéticas teatrales importadas.
Creemos además, que el director y el dramaturgo deben ceder parte de su posición jerárquica en favor del arte del actor. Éste será quien en definitiva de cuenta si aun hay esperanzas par un teatro realmente transformador y que nos ayude a reencontrar nuestra naturaleza perdida en un mundo idolatra del progreso, la técnica y el capital o si por el contrario en el cauce de la posmodernidad la mayoría de los artistas y actores del arte dramático han transformado irreversiblemente la naturaleza del teatro en un simple arte del entretenimiento.


Alan Robinson.
Julio 2012.


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