posmoderna y chamanica

Hugo Covaro es un escritor y poeta patagónico. Como toda experiencia con un maestro, que puede cambiar el rumbo de una vida, es difícil describirla. 
Don Covaro es un hombre que dedicó toda su vida a escribir, hacer música y andar por la Patagonia conociendo gauchos, criollos y paisanos indígenas. Con plena conciencia que el hecho de vivir en una gran ciudad enferma a la gente, Don Covaro dedicó mucho tiempo de su vida a aprender de los paisanos, los yuyeros, las machis y los brujos. Aprendió leyendo, pero sobre todo aprendió en la experiencia de la paciencia.
En una oportunidad conoció a una Machi solitaria cuyos hijos no querían aprender de ella y el nieto que iba a recibir la herencia falleció antes de tiempo. Ella le enseñó muchas cosas del oficio, y él respetuoso del saber y el aprendizaje comprendió que no podría utilizar todo lo aprendido, porque las machis deben ser mujeres y parte de una comunidad. Entonces escribió un novela, que llegó a las manos de una mujer de ciudad, como él, pero heredera de mapuches. Esta mujer descubrió que Don Covaro sabía algo y le pidió le enseñara. Así fue como hasta el día de hoy Don Covaro, hoy ya un hombre anciano, le enseña todo lo que aprendió en su vida a esta mujer. 
Lo primero que pensé es que en el lugar de Don Covaro tendría que haber alguien de sangre mapuche, para mantener la pureza del conocimiento. Después entendí que las cosas siempre son como tienen que ser, y que cuando hay un corazón lleno de pasión y generosidad como el de Don Covaro, el misterio se ocupa de poner el camino en nuestros pasos.
Le pedí a si me podía poner en contacto con Rosa Pincol, la machi recuperada, porque quería hacerle una nota para el programa de TV en el que yo estaba trabajando. Dio algunas vueltas poniendo algunas excusas respecto del teléfono y me aseguró que si yo pasaba por su casa, me pondría en contacto con ella. Además me regaló tres libros suyos y no me los quiso dedicar. Entonces, al día siguiente, en medio de complicaciones enormes de producción, encontré 20 minutos para pasar por su casa con la única expectativa de que me firmara y dedicara sus libros. Realmente me gustan las dedicatorias de los escritores que admiro como Hugo Covaro. Así fue que llegué y me estaba esperando con dos libros mas de regalo y el teléfono de Rosa Pincol. Uno de esos libros era el que ficciona su aprendizaje con una machi que vivía cerca de Sarmiento. Aclaro este dato, importantisimo, porque cuando fui a Sarmiento  a entrevistar a Miguel Antileo, bailarín de Camarucos, él mismo sin que yo le preguntara me contó que Covaro había aprendido muchas cosas de su tía abuela, allá en Bajo La Cancha, la comunidad en la que había crecido.
Así fue que llegué hasta Rosa Pincol, quien en lo alto de una meseta patagónica, me tomo con su mano derecha de la nuca, y mirándome a los ojos con una mirada profunda, y llena de amor, me dijo esas cosas que un hombre precisa escuchar para seguir aprendiendo y para seguir caminando. 

Comodoro Rivadavia, Febrero 2013.



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