¿La grieta en la cultura?


Pablo Avelltuo es el nuevo ministro de cultura argentino, designado por el presidente Macri. La alianza “Cambiemos” propone en rasgos generales un cambio de formas en la política. Se presenta como lo nuevo.
Entonces, me puse a buscar información sobre el nuevo ministro de cultura para tratar de entender cuál va a ser el cambio en el campo de la cultura, y encontré al “Grupo Manifiesto”, integrado por intelectuales y artistas cercanos al PRO, uno de los partidos que integra la alianza Cambiemos. Me puse a leer y me encontré con algunas sorpresas.
El cambio cultural que defiende el Grupo Manifiesto, apunta a lo que llaman cultura de la diversidad: “La cultura incluye ahora las otras versiones, los otros puntos de vista, las otras ideas y los otros significados.” Explica Avelluto.
Ahora bien, ¿La diversidad cultural no fue acaso una política de estado de los 12 años de gobierno kirchnerista? ¿No hemos visto y celebrado nuevas expresiones artísticas que le han dado dignidad y puesto en valor a lo que podríamos denominar como la “cultura villera”, la “cultura transgénero”, y la ya histórica “cultura gay”? ¿No hemos festejado todo lo que se ha hecho por la inclusión y el acceso a la cultura de las personas con discpacidad?
El propio Avelluto reconoce la presencia del movimineto de la diversidad cultural en las expresiones populares  “Ese movimiento cultural hacia la integración de lo diverso y la pérdida de prejuicios ya estaba presente en la sociedad. El resultado de las elecciones del domingo lo que hizo fue ponerlo en evidencia.” 
Pero lo que no reconoce el nuevo ministro de cultura es que las expresiones culturales de lo diverso necesitan un espacio fisico, estímulos económicos, y políticas de inclusión laboral. Eso se hizo en 12 años de Kirchnerismo, y no tenemos que agradecercelo al Kirchnerismo, pero si tenemos que reconocercelo. Zamba pudo convivr con Barbie, y el Centro Cultural Kirchner, pudo convivir con el Gran Rex. Detrás de esa diversidad hay una ideología, que nos guste o no, no deberíamos desconocerla.
Si el nuevo ministro de cultura no puede o no quiere reconocer lo que se hizo, los riesgos son grandes, porque por un lado, nos harán sentir que hay que empezar de nuevo como si nada se hubiera hecho, o lo que resultará que la diversidad pasará a ser una simplista discusión de formas, en la que lo importante serán los géneros y los estilos, y no las ideas. El gran problema creo será que la idea de la “cultura de la diversidad” reemplace a la idea de “cultura como derecho”, en ese caso no habremos aprendido mucho de nuestra historia. Un problema similar tuvimos cuando Sarmiento definió La Grieta con su ya famosa “Civilización o Barbarie”.

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