Eva Perón, una actriz descontrolada.

Tuve la oportunidad de realizar la asistencia de dirección a Vicente Zito Lema, escritor que leo incansablemente. La primera vez que lo ayudé con la dirección fue en "Participar es mas que votar", una obra de teatro callejero. Además compartí el escenario en la obra "Yo soy Fijman".
Disfruto y aprendo mucho de Vicente cuando hago teatro con él.
Mas allá de la amistad y el aprendizaje acepté participar como asistente en "Eva Perón resucitada" porque Vicente me comentó que quería hacer una ceremonia desde el delirio y la subversión. Ese fue el desafío estético que me convocó, porque lo que hace de Vicente un teatrero que se diferencia, es que en su obra hay una estética. Y eso, una estética, en definitiva es lo que queremos lograr quienes queremos hacer arte.


Cada vez que veo una función inevitablemente pienso en la cultura argentina y en la educación teatral de nuestra ciudad de Buenos Aires. ¿En una cultura que nos enseña a obedecer al dramaturgo y al director es posible que los actores actúen desde la subversión? ¿En una cultura que nos obliga a ser normales, es posible actuar desde el delirio?
Los ensayos fueron muy difíciles, por no decir caóticos.
¿Viste que lo normal es que los actores y directores describan a sus grupos de trabajo como lo mas maravilloso que les pasó en la vida? Bueno, es todo mentira, o "actuación materialista". Acá es cuando haciendo una retrospectiva, veo la maestría de Vicente, que para lograr un marco que les permita a las actrices actuar desde la subversión, renunció a la autoridad que le da la naturaleza de su rol de director. Se limitó a dirigir coordinando al grupo. Eso permitió entender el valor de subvertir un modo de ensayar teatro en Buenos Aires.
Será el público, sin embargo quien decida si la obra es subversiva o no.
Al mismo tiempo la ausencia de autoridad y autoritarismo, permitió que en algunos ensayos se manifieste el delirio. Pero sabemos que es mas grande el miedo al delirio que al subversión, por lo cual hacer una obra desde el delirio resulta extremadamente difícil.
La actuación, frente al delirio artaudiano se aferra con pánico a la comodidad stanislavskiana. En el caso de nuestra obra Zito Lema discute con Kantor y Grotowsky, proponiendo una épica obrera de la cual Boal se habría enamorado.


No es fácil lograr una ceremonia desde el delirio y la subversión para resucitar a Eva Perón. El sistema ha fracturado nuestra relación con la religiosidad y la naturaleza. Nosotros estamos trabajando para recomponer esa relación.
Semana a semana, buscamos lograr que reviva la actriz descontrolada que fue Eva Perón. Cuando el delirio y la subversión se manifiestan en el cuerpo de una actriz, no importa si el escenario es un teatro, una fábrica o el balcón de la casa rosada. No importa si actuar es una convención, una mentira o una verdad.
Solo nos queda el propósito de delirar y subvertir la cultura, para revivir la vida.

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