La libertad tan alta.

El 24 de Agosto de 1994, el Dr. Goldchuk, un psiquiatra del hospital naval daba la orden para que me internaran en contra de mi voluntad en un manicomio dónde me torturaron. Yo tenía apenas 16 años. Ese trauma se transformó en parte de mi obra literaria y teatral. 
Desde entonces luché desde el arte contra las injusticias de la psiquiatría y su industria.
Hasta que la semana pasada pasada el 20 de Abril de 2017, exactamente 23 años después, recibí el alta médica de un joven médico psiquiatra de un hospital público. Después de tantos años, atender mi salud mental pasó a ser un espacio de reflexión sobre mi lucha social por visibilizar la causa de la locura. Muchos sobrevivientes como yo, hacen publico el logro de salirse del "sistema de salud mental". 
Yo no me salí del sistema, sino que me quedé dentro esperando con paciencia hasta que me dieran la razón. Esperé, y lo logré. 
El médico que me dio el alta demostró al firmar mi historia clínica que los psiquiatras Federico Pavlovsky, Rodolfo Liceaga y Rafael Abramovici, realizaron el peor de los tratamientos a mi caso. Me quisieron hacer creer que yo tenía una enfermedad mental incurable, degenerativa y crónica. Me manipularon para que consuma las drogas que a ellos les convenía. ¿Dónde están las pruebas? En la historia clínica que cada uno de ellos debería haber guardado de mi caso. 
Mi alta médica tiene mas importancia social, que personal. Es un paso, un gran paso, no por mi salud mental, sino porque puedo  dar nombres y apellidos de quienes me manipularon para drogarme y quienes me dejaron decidir libremente. Se trata de un logro colectivo, gracias a miles de personas locas, que hacen la salud mental comunitaria. Gracias a todos los usuarios y usuarias de los servicios de salud mental.
La ley nacional de salud mental nos hizo creer que iban a cerrar los manicomios. Y no lo hicieron. A cada uno de los que se llenaron los bolsillos hablando de los derechos humanos de las personas con padecimiento mental les espera  el infierno, el escarnio, la condena social. 
¿Porque? 
Porque la mayoría de los políticos son tan perversos como la mayoría de los psiquiatras.

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