El derecho a quejarse

Trabajar en procesos creativos no es sencillo. Convivir con la inestabilidad, el conflicto y el desequilibrio no solo desgasta, sino que puede desorientar y confundir a cualquiera. 
Entiendo que los artistas tenemos un compromiso con la expresión y la protesta. Es inherente a las artes manifestar públicamente, mediante nuestras obras la disconformidad social. Ahora bien, el malestar social por lo general coincide con el malestar individual de las personas que trabajamos con el arte. 
Antes de la expresión artística, que siempre es una forma de generar un conflicto en la realidad, está la queja. La queja es improductiva, y esta muy mal vista ante los ojos de las pautas de convivencia. 
Las personas que se quejan son vistas como insoportables, fastidiosas, y odiosas. La queja, sin embargo es fundamental como impulso, como instancia inspiradora. Pero al mismo tiempo, en la vida cotidiana, uno tiene que reprimir la queja el fastidio y el malestar, porque de lo contrario se vuelve un fastidio para los amigos, la familia y los seres queridos. 
En este sentido las redes sociales, son maravillosas, porque uno puede usarlas como espacios de catarsis, en la medida que uno sea consciente que está usando las redes sociales con es fin. Uno puede inventarse un nombre de usuario, y volcar allí todo lo que no puede volcar entre su familia y amigos, por el peligro de ser visto como un "quejoso". En este sentido reivindico la queja en el uso deliberado de las redes sociales, para volcar todo aquello que produce malestar. 

No me refiero a la consciencia como antinomia de la inconsciencia.

Al contrario, cuanto mas inconsciente sea el contenido volcado en redes sociales, mejor. Me refiero a que las redes sociales han logrado alienar a la sociedad, y creo que ha llegado el momento de infectarlas para liberar la alienación social que provocan las empresas que tienen el monopolio de Internet como esta plataforma de blogspot, en la cual he decidido escribir este texto. 


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